martes, 2 de noviembre de 2010

“Yo sólo escribo”: Gabriel García Márquez

De 4 años de carrera, he de confesar, que me cuesta mucho trabajo recordar alguna clase que me haya marcado la mente e impulsado mi necedad por convertirme en periodista.

Cuando alguno de los profesores conseguía retener mi atención mi cabeza en vez de pensar cómo matar el argumento del otro salía del salón hacia la calle a buscar historias y personajes; esos de los que hablaban el Gabo, Pacheco y tantos otros en sus libros.

Siempre pensé que el día que conociera a uno de estos maestros tendría preparado mi discurso de gratitud, que no me quedaría pasmada como una fan nerviosa, pero como los planes para la suerte son sólo bromas…ahí estaba Gabriel García Márquez frente a mí, y he de confesar, que nunca me habían temblado tanto las rodillas ni había sido tan tímido el sonido de voz.

El sábado pasado, Don Gabo y yo, comimos en el mismo lugar del centro – me gusta como suena esa casualidad- escuché que la gente aplaudía y unas 15 personas se levantaron de sus mesas, me extrañó, pero aún no la había visto.

El violinista que amenizaba la comida dejó de tocar y me di cuenta que García Márquez estaba frente a mí; entre aplausos ligeros la gente le hizo una sutil caravana a la que respondió con agradecida sonrisa.

Jamás voy a entender que diablos le dio coherencia a mis movimientos, pero me levanté de la mesa, caminé hacia él y lo único que me salió de la boca fue: “¡Gracias!”

“Señor, de verdad es un gusto conocerlo, gracias por todo y no sabe cuánto lo admiro”, le dije voz increíblemente torpe.

Al lado mío estaba mi padre, quien decidió hacer su aparición, de una manera mucho más elocuente que la mía.

“Mucho gusto, para ella es un icono es como su alumna. Ella es mi hija”, dijo sin levantarse de la mesa.

“¿Escribes, eres periodista?”, me preguntó, a lo que por falta de coordinación motriz sólo asentí con la cabeza.

“Ay, a mí desde siempre me han catalogado como EL PERIODISTA, pero no soy, yo no sé porqué lo hacen. Yo sólo escribo”, me digo como quien desmiente un secreto.

Creo que todo esto pasó en menos de 5 minutos y yo no supe decir más que gracias; poco pero genuino.

Volteamos para que nos tomarán la imperdible “fotofan”, y lentamente sin quitar la sonrisa de su cara, el Gabo siguió su camino hacia la puerta del brazo de su ayudante y flanqueado por los otros fans que mantenían la misma cara de idiotas que yo.



Me temblaron las manos por las 3 horas siguientes y la foto me recordará la torpeza que provoca la admiración genuina.

Siempre que leía me preguntaba ¿De dónde saldrán estas personas con vidas tan ricas, de dónde sacan tantas ideas?, la respuesta era tan simple como dejarse llevar y escribir, poner los pies en la calle y empezar a caminar.

El alimento de la curiosidad o entrometimiento, en mi caso, no fue culpa de los maestros o de la universidad sino de los escritores y periodistas que habiendo ya recorrido gran kilometraje me enseñaron y siguen enseñándome mucho.

Fue una suerte encontrarme a uno de ellos y a pesar de mi torpeza agradecerle.

1 comentario:

Ber dijo...

'gran kilometraje'... vaya, vas entendiendo. empieza la marcha.